Arañando el Catedral

Si ningún refugio es igual a otro, el Emilio Frey marca aún más la diferencia. Algunos acaban de llegar y están de paso, otros parecen inquilinos. Se les distingue a la perfección. Los habituales van enredados en cuerdas, tienen las manos endurecidas, se tapan los dedos con cinta y miran permanentemente arriba mientras dibujan lineas en un trozo de papel.

Hilando agujas

No importa de dónde sean. Ellos se comunican en ese código gráfico que comparten. Levantan la cabeza, miran y apuntan. Y las lineas del papel se multiplican. Se tachan. Se repiten. Son canadienses, argentinos, españoles, chilenos, australianos, japoneses… Tienen 20, 30 o 40 años. Están solteros, en pareja, solos, con amigos… Son escaladores. Dibujan las paredes del Cerro Catedral. Perfilan cada una de las agujas que rodean el refugio para planificar la siguiente ascensión. Hay un argentino que no habla inglés y sin embargo conversa apasionadamente con una canadiense aventurera que no conoce el castellano. Han escalado juntos por la mañana. Han compartido cuerdas y arneses. Ese es su lenguaje. Luego llegan otros. Y se suman a la charla. En el mismo idioma. Describen paredes, tiempos, longitudes. Todos toman nota. Y todos miran al cielo.

Refugio Frey

Refugio Frey

En la cocina del refugio se reúnen todos a la noche. El menú de la cena es austero y común. Pasta. Sopa. Hay uno más sofisticado que se atreve con una hermosa trucha. Han ocupado los fogones. Y las mesas. Hablan alto, interrumpiéndose a cada instante. Llevan todo el día arañando las piedras del Catedral, llevan días sumando paredes y llagas. Acumulando ascensos. A los que no nos hemos colgado de las cuerdas ni nos identifican. Somos espectadores. Cuentan anécdotas, riesgos, dificultades… Programan el día siguiente con los consejos que se comparten durante la cena. Y los papeles arrugados que marcan los itinerarios pasan de mano en mano para hacer acotaciones o para copiarse. Aquí no hay derechos de autor.

Uno de los refugieros, escalador apasionado, nos da una clave. La escalada es, dice, el deporte más solidario que existe. La lealtad, como la confianza, son incuestionables.

Tu vida, cuenta, depende del que está sujetándote la cuerda.

Disfruta del espectacular paisaje en el álbum Frey-Jakob del Flickr EternomadE

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