Las horas del té

Crónicas de China II

Cinco horas. Cinco horas alrededor de una mesa. Cinco horas sorbiendo infusiones. Cinco horas para descubrir cómo se prepara, cómo se toma, cómo se sirve, cómo se disfruta. Cinco fueron las horas del té en un pequeño lugar escondido en la gigante Shanghai.

Cuando Pauline (una joven china que fue amiga y  ejercía de cicerone en Shanghai) nos propuso llevarnos a comprar tés no imaginábamos lo que nos esperaba.

El local estaba escondido en un patio. Dos jóvenes tímidas nos recibieron con todos los honores y nos colocaron alrededor de una mesa circular. Teteras, cajas, bolsas, tazas y sacos llenos de infinidad de variedades de té decoraban el espacio.

Pauline traducía al inglés para que pudiésemos comprender que aquello era más que una degustación previa a la compra. La liturgia dio comienzo. Las jóvenes anfitrionas, arrodilladas en cojines, comenzaron a manipular con una destreza meticulosa los elementos. La jarra de agua hirviendo. La tetera, la hierbas precisas, las minúsculos recipientes donde iríamos degustando sabores impensables y fascinantes.

Todo era preciso. La cantidad exacta de hojas. El agua hirviendo a la temperatura correcta, en función de la tipología de té. Derramar la primera infusión. Después se sirvieron varias,obtenidas de las mismas hojas, y en cada una de ellas el sabor se iba modificando.

el te

seleccionando las hojas del té

El agua apenas se teñía. Otra vez las sutilezas. Primero había que oler. Y al beber, el sabor no se identificaba al instante. Parecía insulso, insípido diría. Había que darle tiempo. El paladar interpretaba el gusto que con sigilo se iba haciendo notar, dando cuenta de las veces que ese puñado de hojas habían pasado por el filtro.

No había prisa. Había que degustar con calma. Disfrutando del sonido del agua que caía en la tetera, que se escurría por la madera, que limpiaba y cubría las tazas que seguíamos probando.

tés con paciencia

tés con paciencia

Nombres. Olores. Sabores. Propiedades. Tiempos de infusión que acumulaban horas. Las horas del té.

Al regreso a Occidente exportamos la ceremonia del té para incorporar esas horas pacientes a un placer que aprendimos una mañana de agosto en un pequeño local escondido en un patio de Shanghai.

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