El tribunal del hombre es su conciencia

“Has dado tu última lección como Juez de integridad moral y fidelidad a tu conciencia, con el aliento percibido por aquellos que vieron posible, con tu mano firme, romper el silencio al que fueron ellos también condenados, a la negación de los derechos más elementales del ser humano. Habrás dejado de ser un Magistrado para comenzar la etapa más esplendorosa de tu magisterio. Allí por donde camines, en tus nuevos trasiegos y andaduras, los hombres y mujeres de todo el mundo te señalarán diciendo: allí va un hombre justo”. El Secretario de Estado de Derechos Humanos de la Nación Argentina, Eduardo Luis Duhalde, le dirigió estas palabras, por carta, a Baltasar Garzón, durante el acto que se celebró en Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires, el pasado 1 de marzo de 2012. Podría decirse que este reconocimiento epistolar sirvió de presentación a la conferencia sobre la Memoria que ofreció Baltasar Garzón ante un auditorio abarrotado y entusiasta. Y Garzón se emocionó por las palabras, por las presencias y por los aplausos. Y después habló. Habló mucho. De memoria. Y de justicia. Y de injusticia. Y de víctimas. Y de Derechos Humanos. Y de deudas. Y de aprendizaje. Y de militancia. Y de lucha incansable. Y de valentía. De hecho, concluyó su intervención diciendo: “Si tienes miedo, tienes que dejar la toga”. Pero antes hubo más. Y antes que nada, recordó que no está de acuerdo con la sentencia del Tribunal Supremo Español por la que ha sido apartado de la carrera judicial.
La conciencia tranquila
 
El tribunal del hombre es su conciencia. Esta frase de Kant fue pronunciada por Garzón al final de su alocución en el juicio por los crímenes franquistas. La repitió en Buenos Aires como si fuese un mantra con el que demuestra que su conciencia está tranquila porque considera que actuó conforme al Derecho y que repetiría lo que hizo insistentemente.

Para Baltasar Garzón el olvido es la norma de muchos gobernantes. Y esa afirmación se subraya, por ejemplo, en que España ha negado la evidencia, lo que se demuestra en que cuando “nos hemos mirado a nosotros, los argumentos han sido demoledores y se ha zanjado la cuestión. Yo voy a continuar reclamando lo que creo que es de rigor: la atención y promoción de las víctimas. No sé cómo lo voy a hacer pero lo voy a hacer”, afirmó.

Argentina sigue juzgando los crímenes cometidos durante la última dictadura. En los últimos años se sienta en los banquillos a los genocidas, se les juzga, se les encarcela. Se reconoce a las víctimas. Esa tarde, entre el público, Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo lo escuchaban. Ellas, las mismas con las que él habló en Madrid, en su despacho de la Audiencia Nacional Española para juzgar a los criminales que desaparecieron a sus hijos y robaron a sus nietos. Ellas, las que, según confesó esa tarde, le modificaron la manera de entender la justicia y contribuyeron a su militancia por los Derechos Humanos. En ese escenario y ante un público que sabía y ha sufrido un drama que tiene muchas semejanzas con el español, Garzón emitió el siguiente análisis: “En España dicen (quienes se niegan a investigar los crímenes y a reconocer a las víctimas) que la ley de Amnistía establece la paz y la concordia porque es una ley democrática. Yo digo que mientras hayas fosas y víctimas es difícil que haya reconciliación”. Nunca antes de la investigación por la que ha sido juzgado, se habían investigado estos crímenes en España. Y para ser más precisos es necesario recordar que las víctimas sólo han sido escuchadas durante el juicio a Garzón. Ningún partido político las ha apoyado; el modernismo y la incorporación a la Unión Europea fueron más importantes que ellas, apuntó. Esa realidad, recordaba Baltasar Garzón, ha forzado a que cada vez más víctimas hayan comenzado a abrir las fosas solas, sin ayuda de ninguna institución del Estado.

La realidad no insinúa cambios. En este momento, en España, las víctimas del franquismo sólo tienen a su disposición la Ley de Memoria Histórica, una Ley, por cierto, que no fue votada por el Partido Popular (PP). Esta norma es, en palabras de Garzón, una ley limitada, administrativa, lo que significa que muchas acciones quedan al arbitrio de las autoridades. En definitiva, todo este panorama demuestra que en España falta conciencia real, que no se ha construido memoria y que se ha perdido una oportunidad única.

El aplauso es la expresión táctil y sonora del reconocimiento, de la aprobación o del afecto. Cuando los halagos son multitudinarios y la  colectividad de los mismos impide manifestarlos individualmente, los aplausos permiten concentrarlos en las palmas y graduarlos en la fuerza con que se tocan. También esas manos que se juntan con fuerzan simulan un abrazo, cuando no es posible darlo. Baltasar Garzón se llevó muchos, en Buenos Aires, el pasado 1 de marzo.

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