África baila en León

La música, el canto y el djembé forman parte de nuestra cultura, de nuestra vida“, afirmaba Babá Touré, percusionista marfileño (afincado en Francia), en el Teatro El Albéitar de León, España, el pasado 16 de marzo, donde se proyectó un documental sobre la grabación de su último disco, hace diez años.
El músico, acompañado de otros djembefolas y una bailarina, charlaron con los amantes de la música y la danza africanas para despejar dudas, derribar mitos y reiterar el carácter universal, aglutinador y generoso de la música. Cualquiera, dijo Babá, puede ser embajador de la cultura africana; cualquiera puede bailar, tocar… sólo hay una condición: el respeto.

Pero por si hubiera dudas, aquí no hay manuales que enseñen. La transmisión de esta cultura es oral. Uno no es estudiante de djembé, es un aprendiz, que no es lo mismo. Escuchas, observas y haces lo que te dicen, cuenta. En realidad, es un oficio, repite varias veces en toda la noche.

Algunos de los que le escuchan se muestran admiradores, imitadores tal vez. Graban en el tímpano cada frase para que no se escape, para aferrarse a las indicaciones del que sabe. Le escuchan con devoción en unas explicaciones didácticas, propias de un maestro pero también de un aprendiz eterno.

Las manos que golpean el djembé invitan al movimiento. Los cuerpos que se mueven son musas para las melodías que se percutan. En la cultura africana, la música y la danza son hermanas pero existen algunos matices que las diferencian más allá del vínculo que las perfecciona. Con la música tradicional, el solista conoce las frases que debe tocar, la diferencia entre los intérpretes está en la técnica que cada uno utiliza. En la danza, el solista se entrega al movimiento; su interpretación puede tocar frases tradicionales pero está siempre destinada a perfilar el baile, a marcarlo.

Tras su paso por León, Babá vuelve a Costa de Marfil. Vive desde hace años en la Bretaña Francesa pero le gusta grabar sus discos en casa. Hay otra energía. La música se siente cómoda. Suena y se expande en otra dimensión. Su último disco lo grabó allí hace diez años. Meses después estalló la guerra. Como artista del lugar, Babá Touré decidió que no grabaría ningún disco más hasta que no terminase el conflicto, en solidaridad con su pueblo. Ha cumplido su palabra. Ahora, una década después, regresa para reunir a los músicos marfileños allí y grabar de nuevo. Ha pasado mucho tiempo. Y una guerra. Y duele hasta el silencio. Más allá de la piel, las raíces, los afectos y las promesas, el contexto, el subtexto y el resultado hacen que grabarlo en Costa de Marfil sea diferente, mucho más ahora.

La ciudad de León ha disfrutado del festival Afroleón con la excusa del décimo aniversario de la Asociación Bumtaka

Gracias a esta celebración los leoneses y visitantes se han sumergido en las raíces más autóctonas de la cultura africana para dejarse llevar al ritmo de los tambores, los pies y las manos, en un lenguaje universal que no necesita traducción.

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