Semana Santa en León. Lunes de lluvia

Son los más numerosos; una marea de papones de negro caminan apresurados. Están por todas partes y todos caminan en la misma dirección: la Iglesia de Santa Nonia. La gente va situándose en las veredas, seleccionando el rincón perfecto para ver pasar la procesión. Chispea. No importa. Los que esperan y los que corren para llegar a tiempo confían que amaine. Las miradas van al cielo. Como una plegaria.

Diluvia. Una marea de paraguas inunda la puerta de la iglesia donde los pasos, los papones, las manolas, los ofrecidos y los espectadores aguardan el milagro que no llega. Algunos espían desde las ventanas.

El reloj no da tregua. Los que mandan deciden: se suspende por lluvia. Otra vez. Debe ser que la ausencia de fe anula los ruegos, por fraude. Y se paga la penitencia. 

Las bandas comienzan a tocar. Los braceros bailan los pasos en el interior del templo. Y los que encuentran un hueco miran por las rendijas que permiten los paraguas.

La multitud se dispersa mojada. El lunes santo se ha diluido en la lluvia.

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