Dormir en aeropuertos, SI NOS DEJAN

Entre miles de grupos humanos que se aglutinan o se dispersan con sus propias motivaciones, existe una tribu transnacional que comparte códigos y respeto mutuo. Se encuentran en la montaña, en los pueblos, en cualquier ciudad en la que se hable cualquier idioma, en las plazas, en estaciones de tren o bus, en aeropuertos, etc. Son los viajeros.

Aeropuerto de Asturias

Es, obviamente, en estaciones y aeropuertos donde los podemos distinguir, en la noche, cuando ya no hay vuelos y los trotamundos se aglutinan, como en un “cónclave de viajeros”, preparándose para pernoctar a la espera de las primeras salidas del día siguiente. Conforme van llegando, cada uno comienza, solo o en grupo, con sus actividades individuales pero identificadoras: deambulan con parsimonia por los pasillos a la caza de un lugar cómodo para dormir, recostados sobre su equipaje, una extensión de ellos mismos. Buscan su espacio preferentemente cerca de alguna fuente de alimentación eléctrica para cargar teléfonos, computadoras y demás equipos electrónicos para actualizar su bitácora, ponerse al día con los mails, descargar fotos o leer. Con respeto y discreción se turnan para acicalarse en los pulcros baños, muchas veces largamente esperados. Las máquinas expendedoras complementan la vianda que mitiga el hambre y mata el tiempo. Más allá de la incomodidad, es un pequeño paraíso de la convivencia y el bien común.

Cuando la partida es temprano la opción de dormir en un hotel no nos resulta viable, dada la hora a la que hay que salir del mismo. Por eso hemos sido testigos de esa manifestación en los aeropuertos de Florianópolis, Barajas, Shanghai, Frankfurt Hahn y Brasilia, y en la estación de autobús de Montevideo. Muchos lo habrán experimentado en cientos de lugares distintos.
Pero para nuestra sorpresa eso no sucede en todas las terminales. Salimos de León hacia el aeropuerto de Asturias (vía Oviedo) con el fin de pernoctar allí y tomar un vuelo temprano a Barcelona; la posibilidad de salir a la madrugada de León dejaba escaso tiempo de conexión de buses e insuficiente antelación para facturar así que optamos una vez más por pernoctar (pasar la noche) ahí.

Aeropuerto de Asturias

Llegamos al aeropuerto a las 22:30. Todo hacía prever que el aeropuerto comenzaba a transformarse en ese lugar sin tiempo en el que los viajeros descansan. De todos modos algo nos hacía dudar, discutimos si era posible que ese aeropuerto en particular no estuviera abierto durante la noche. No nos había sucedido nunca pero siempre hay una excepción. No era uno pequeño en el que hubiera sólo un vuelo vespertino al día, pero la duda persistía. Preguntamos. La confirmación de que ahí sí cerraban de noche pese a tener varios vuelos temprano a la mañana no dejó de sorprendernos, pero hubo que resolver la situación inesperada sin lamentarse. Había que volver a una estación de buses. Las opciones eran la de Oviedo, a 40 minutos, la de Gijón, a 35, o probar en la más pequeña Avilés, a 15, que estaba al lado de una estación de tren, lo que aportaba más opciones. Cómo se resolvió, es tema del próximo post.
Pero para terminar se imponen varias preguntas: ¿A quién se le puede ocurrir cerrar un aeropuerto evitando la constante representación de esta ceremonia espontánea? ¿Por qué habrían de cerrarlos, impidiendo a los viajeros matutinos descansar ahí para continuar su periplo? Una de las razones por la que un viajero elige pasar por un aeropuerto (dando sentido a la existencia y subsistencia de los mismos) es porque la conexión es la más conveniente y la posibilidad de pernoctar en él es determinante. Pero los burócratas poco saben sobre lo que sucede en los aeropuertos.
Invitamos a los lectores que a dejen comentarios sobre los aeropuertos que saben que están abiertos de noche y lo que no, así todos tenemos la posibilidad de prever este tipo de situaciones.
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3 Respuestas a “Dormir en aeropuertos, SI NOS DEJAN

  1. Pingback: Cuando no te dejan dormir en el aeropuerto hay que buscarse la vida «·

  2. Marc Augé puso una definición que se aplica perfectamente a los aeropuertos dándole la clasificación de “no lugares”, en los que se está pero sólo por un corto período de tiempo. Este caso sería un intento de tratar de hacer respetar esa definición, pero para mí estos grupos de personas que se encuentran en un mismo lugar por un tiempo un poco más largo que el normal dan espacio a intercambios muy interesantes. En el aeropuerto de París me acuerdo de unos sofá cama que había con lockers para mejor comodidad de estos pasajeros.

    • Qué bueno lo de los sofás cama en París. Lo de los “no lugares” de Marc Augé también lo comentó en facebook una amiga tras leer la nota siguiente a esta, en la que contamos lo que sucedió cuando nos enteramos que no podíamos dormir ahí. Interesantes referencias. Muy interesante lo que sucede cuando nos quedamos más tiempo del habitual en un “no lugar”. Saludos

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