Matera, Patrimonio de la Humanidad

Amanecer en casa de la Signora Anna,una mujer desconfiada, tiene su aquel. (Para entender el por qué, lee el post Girona-Brindisi-Bari-Matera). Ella quiere hacer cuentas y que nos vayamos rápidamente cuando hayamos desayunado. No nos permite dejar las maletas hasta la hora en la que salgamos de la ciudad. Todo es un problema. Se pone nerviosa. La calma le llega cuando recibe el dinero. Y nos echa, que tiene mucho que hacer. Y nos mira, altiva, con los brazos en jarras y el ceño fruncido, desde el alto de la minúscula escalera por la que se accede a su casa, como asegurándose de nuestra partida. Arrivederci, Signora. Después llega lo mejor. El espectáculo de la vista y la visita en un día de una luz inigualable. 

Matera en todo su esplendor. Il sassi (las piedras), las iglesias, las casas, las calles, el silencio, los hombres agrupados en conversaciones excluyentes, los turistas, los guías que se te ofrecen en cada esquina, las cuestas, el río, las cuevas, la imaginación y el viaje a otro momento, a una vida diferente que fue y que ha dejado vestigios.

Matera es un espectáculo para los sentidos, una caja de pandora para la imaginación, un lugar indispensable del sur de Italia. Matera es Patrimonio de la Humanidad desde 1993. Sí, es cierto, hay muchos lugares en el mundo que lo son pero esta ciudad, instalada en la región italiana de la Basilicata, y capital  de la provincia a la que da nombre, tiene características que la diferencian sobremanera. Veamos. Cuentan los que saben, y hay señales que lo determinan, que Matera está habitada desde el Paleolítico. Y ahí sigue.

Las cuevas de Matera

Il tufo es la piedra típica de la Basilicata, sobre la que se levanta esta ciudad, la vieja, porque la nueva (más fea, como cualquier extrarradio de cualquier ciudad contemporánea) se extiende hacia afuera. En la piedra (sassi) se excavaron casas donde las personas convivían con sus animales y sus aperos de labranza. Y ahí siguen las casas-cuevas, aunque ya no vive nadie por decisión gubernamental, decretada hace ya unas cuantas décadas por motivos de salubridad, dicen. Eso sí, en algunas de ellas se han levantado hoteles que esperan a los turistas en un desafío al diseño y a la arquitectura.
Asomarse a la ciudad vieja de Matera y meterse en sus calles es un auténtica aventura. Haz la prueba. Intenta seguir un cartel, de los que han pegado a la piedra, en las esquinas de las calles. Se supone que con el nombre y la dirección de la flecha que dibujan llegarás a un lugar… si lo consigues ¡premio! pero, normalmente, como si fuese la búsqueda del tesoro, en el último tramo te dejarán que juegues buscando por dónde debes continuar los pasos… Tal vez no encuentres el destino, en cualquier caso, perderse por Matera es una experiencia incomparable.

Matera es una delicia en su rudimentaria belleza. Las casas de il sassi no tienen parangón, como tampoco lo tienen las iglesias rupestres, excavadas en las paredes de las montañas, atestadas de frescos, para vivir la fe en lo más primitivo de la tierra.
Así es esta joya. Indescriptible, ni siquiera las fotografías se aproximan a la impresión que se llevan las retinas y la piel cuando la miras desde el borde del precipicio. Dan ganas de lanzarse. Sin vértigo.

Matera ha sido un descubrimiento en toda regla. Su belleza es incomparable con nada. Su idiosincrasia, sus tiempos y sus formas no pasan desapercibidas y por alguna razón, intuimos que habrá más de lo mismo. Nos queda viaje para comprobarlo. Veremos.
Disfruta el álbum con la espectacular Matera
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