América Latina y el Caribe ante el cambio climático

A propuesta del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), América Latina y el Caribe (ALC) deberían abordar determinadas políticas que sean capaces de asumir los desafíos ambientales en cinco áreas prioritarias: biodiversidad, agua, tierra, cambio climático y gobierno ambiental. Así se puede leer en el informe que contiene las notas que resumen el informe GEO5. En este informe se analizan el estado, las tendencias y las perspectivas del medio ambiente.

Punto de partida

Según el PNUMA, América Latina y el Caribe contribuyen con un 12% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero pero,  a pesar de este porcentaje modesto, la región comienza a experimentar las consecuencias adversas del cambio climático. Y este cambio climático intensifica muchos de los desafíos ambientales que existen en ALC, además de amenazar los avances logrados en lo relativo al desarrollo, la reducción de la pobreza y el crecimiento económico. La clave es reducir la vulnerabilidad.

 

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Con esta ecuación en el horizonte, son necesarios algunos datos.

 

El número de habitantes de ALC afectados por eventos extremos relacionados con el clima aumentó de cinco millones en la década de 1970 a más de 40 millones en la última década. Pero a los eventos de carácter climático hay que sumarle factores que incrementan la vulnerabilidad de la región como son la pobreza, la marginación, la exclusión de los procesos de decisión, una educación inadecuada y una escasa infraestructura básica. Así que a medida que aumenta la vulnerabilidad a los impactos del clima resulta prioritario atender las fuerzas generadoras del riesgo.

 

Políticas de adaptación

 

El PNUMA propone cuatro políticas que presentan un análisis exhaustivo de cómo reducir la vulnerabilidad de las poblaciones haciendo una adaptación eficaz.

 

1.- Fortalecer el manejo de los ecosistemas para mejorar su resiliencia

 

Se trata de preservar los ecosistemas frente a los impactos del cambio climático.

 

2.- Infraestructura con resiliencia

 

Ante los riesgos de los fenómenos meteorológicos extremos, reducir la vulnerabilidad de las infraestructuras debe ser prioritario en las políticas de adaptación de ALC. Hay un abanico de posibilidades pero si nos centramos en las más efectivas, en términos económicos, las opciones se basan  en aplicar estándares de construcción sostenible y reubicar a las poblaciones vulnerables.

 

3.- Fortalecer los instrumentos de predicción y monitoreo del estado del tiempo

 

Como diría el refrán, prevenir antes que curar. Los sistemas de alerta prematura son una herramienta indispensable para reducir el riesgo de desastres. Instrumentar sistemas de monitoreo y predicción de eventos hidrometeorológicos y volcánicos, tsunamis y sequías garantiza la protección de la población ante muertes y enfermedades.

 

4.- Políticas de adaptación para la resiliencia social

 

Estas políticas de adaptación que se fundamentan en la inclusión social requieren atender las necesidades de todos los segmentos de la población en la región.

 

Beneficios

 

La adaptación al cambio climático puede resultar beneficiosa para las políticas de reducción de la pobreza, especialmente en países en los que existe una estrecha relación entre pobreza y dependencia económica de los recursos relacionados con el estado del clima, como por ejemplo la agricultura. Para adaptarse al cambio hay que atender las causas subyacentes de la vulnerabilidad, que responden a varios problemas. Por tanto, la formulación de políticas ambientales debe dar un paso más, superar los enfoques tradicionales y hacer un planteamiento transversal e integral. Para fortalecer una gobernabilidad de estas características son fundamentales recursos financieros adecuados, el acceso a la investigación y a la información científica, la educación y la cultura ambiental.

 

Desafíos

 

Las políticas deben atajar las causas de la degradación ambiental. Si no, es poco probable que los países alcancen los objetivos establecidos en los compromisos nacionales, regionales e internacionales. Esto significa que es urgente realizar inversiones mayores que entiendan las fuerzas motrices y las formas en que interactúan. El PNUMA reconoce que ha habido un número creciente de programas de protección social en la región dirigidos a aumentar la capacidad de recuperación de los desastres ocasionados por el clima, sin embargo apenas se ha prestado atención a los riesgos que ocasiona el cambio climático a largo plazo. Volvemos al prevenir es mejor que curar.

 

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El documento completo, que contiene algunos ejemplos de éxito en la Región, puede descargarse aquí.

 

Estas consideraciones resultan más que necesarias justo ahora que el pasado 5 de septiembre concluía en Bangkok la convención de la ONU sobre el cambio climático, con un leve acercamiento de posturas entre los países que van a tener que negociar, a finales de este año, un acuerdo global para la reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera. (Leer noticia EFE)

 

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