Libros de viaje. La Patagonia en palabras

Son una familia que viaja. Así se definen. Son Ezequiel, Valeria, Tomás, y Otto, el perro. Ellos son los protagonistas de las historias que publican, ellos son, en definitiva, el alma de Libros de Viaje, un proyecto que nació en la intimidad más profunda de la familia López-Douglas para ir perdiendo el pudor y compartir esos relatos con todos los que quieren viajar con ellos a bordo de las palabras y las fotos.

Quienes no los conozcan no esperen una editorial al uso. Libros de Viaje es otra cosa. Es más, es la vida de ellos, subidos en su camioneta, bajo su carpa, en sus miradas, alrededor de sus fuegos, con sus cañas y sus moscas, en sus lecturas, enredándose en las lanas que tejen en colores infinitos, inspiradas por el espectáculo que regalan los paisajes, en cada destino  en el que se detienen, en los confines de la ruta 40, para seguir demostrando y cultivando su amor incondicional por la Patagonia argentina.

Alrededor del fuego

Alrededor del fuego

La entrevista tiene lugar en el hermoso jardín de su casa, mientras tomamos helado después de compartir la cena, es lo que tiene entrevistar a los amigos, que en realidad la convertimos en una inagotable conversación más en la que esta vez interviene una grabadora (para que no se escape ningún detalle).

¿Cuántos años hace que empezaron los Libros de Viaje?

Ezequiel: No fue algo pensando. Mi padre escribió un libro en el año 1957 de un viaje que hizo a la Patagonia. En 1994 yo escribí mi primer libro, un viaje que hice con mi mejor amigo, también a la Patagonia, y después retomé la escritura en el 2001, cuando nació Tomás, cuando empezamos a viajar nosotros dos solos. Entonces volvíamos de los viajes y escribíamos un libro para que Valeria supiera todo lo que hicimos y que le quedara como un recuerdo. Valeria no viajaba con nosotros porque se tenía que quedar trabajando en plena temporada turística. Y a partir de ahí esos libros  trascendieron a la familia y a los amigos. La gente empezó a decir que los editara, que los vendiéramos y así surgió Libros de viaje.

¿Y qué cuentan esos libros de viaje?

Ezequiel: Cuentan viajes a la Patagonia, nuestra experiencia en la ruta. Hay algunos libros que cuentan aventuras, como Papá Pesqué; cosas que uno se encuentra en los pueblos, como La Trochita, que es un tren a vapor  de 1922 y que funciona en La Patagonia en lugares no tan conocidos.

¿Cómo entiende Libros de viaje los libros que cuentan viajes, qué tienen que tener esas historias?

Ezequiel: Emoción, aventura, exploración, libertad, ruta, juegos, kilómetros… No tienen que tener turismo, tienen que tener viajes. Tienen que tener gente local, paisajes, vida, experiencias.

¿Cómo definiríais Libros de Viaje?

Ezequiel: En realidad, somos una familia que viaja y que escribe libros con cada uno de sus viajes. No sé si nos llamaría editorial porque las editoriales son empresas que se dedican a fabricar  e imprimir libros, en general imprimen libros de otros. Nosotros viajamos mucho por la Argentina, nos gusta mucho la Patagonia, muchos de los libros nuestros son sobre la Patagonia pero no necesariamente. Hay un libro que se llama Regularidad, que cuenta una carrera de regularidad desde Buenos Aires a Mar del Plata. Libros de viaje es la marca que agrupa todos esos libros, la que nos permite venderlos, es el paraguas de esos libros, la que nos permite tener un facebook… en definitiva es una palabra que nos identifica. Más que una editorial es un nombre, una identidad. Hacemos un libro de cada viaje. Eso es Libros de viaje.

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¿Cómo estáis llegando a la gente?

Ezequiel: Lo más lindo es llegar persona a persona. También llegamos a través de los medios donde nos hacen alguna nota, hacemos reuniones  con gente que conocemos, gente que trae a otra gente y todos empiezan a tomar contacto con nuestra historia, con nuestros libros y si les interesa los compran. El contacto físico con la gente y la posibilidad de la charla y la posibilidad de contarle y que la persona elija y compre el libro que más le gusta para leer es la mejor opción para venderlos. Después existen los métodos tradicionales, un distribuidor, las librerías, ese tipo de cosas que ayudan a la venta.

¿Cuántos libros tenéis publicados?

Ezequiel: Editados tenemos 10, de los cuáles cinco son los que se están imprimiendo y vendiendo. Los otros, que al ser de fotos o impresiones a color, son caros de producir, estamos buscando el apoyo económico para poder imprimirlos y venderlos.

¿Y cómo es la respuesta que recibís del lector?

Ezequiel: Hay una buena respuesta. Te sorprende. Hay gente que te escribe  o te cruza o cuando te compra un nuevo libro te cuenta algo de ese libro, emociones, cosas que le pasaron al leerlo… La Trochita es un libro que despertó muchas emociones. Un maquinista, que es parte del libro porque  nos contó varias historias al respecto, también lo leyó y se puso a  llorar cuando hablamos por teléfono. Eso es un retorno muchísimo más importante que lo económico. Cuando, en el caso de La Trochita, la gente del ramal nos dice que es el mejor libro  que leyeron sobre el tren es una emoción muy grande y es un aval  para nosotros y para el esfuerzo de cuatro años de haberlo escrito.

Valeria: O una chica  que es guía en el tren, lo compró, lo leyó y ahora se ofrece a venderlo.

¿Qué han incorporado los libros a vuestra vida familiar?

Ezequiel: Nos humanizó bastante. Y va poniendo las prioridades en distintos lugares. Valorás las cosas inmateriales, valorás que alguien te agradezca un libro, regalás un libro a alguien porque lo querés, porque sentís que lo necesita, porque te gusta regalarlo. Tomamos contacto con mucha gente que no habíamos tomado antes. El ejercicio de hacer un libro y terminarlo te lleva mucho tiempo, es algo que a la familia completa nos aportó y nos cambió. Esa perseverancia de llegar hasta el final, de escribirlo, de conseguir editarlo, imprimirlo, salir a venderlo… todo eso es una gran enseñanza para la familia. Que un hijo de diez años quiera escribir un libro, lo escriba, salga a venderlo a la feria del libro en Buenos Aires y que ese sea uno de los libros más vendidos en el stand esos veinte días… de orgullo en adelante es todo.

En el túnel de La Trochita

En el túnel de La Trochita

Valeria, los libros empezaron siendo para ti y ahora los compartes con mucho más lectores, ¿Cómo has vivido ese proceso, ese trayecto que han ido teniendo?

Valeria: Al principio me costó mostrar toda esa intimidad, compartir la emoción con la que Ezequiel escribía los libros. No quería compartirlos con nadie. Pero después me di cuenta que estaba bueno, que está bueno que llegue a otros esa manera de vivir y de escribir que tiene Ezequiel. Está bueno que no sea solo para mí. Está bueno mostrarlo. Lo disfruto ahora. Hay cosas que se despersonalizaron para que los libros no sean tan familiares. Es lindo compartirlo. Me costó por una cuestión de pudor, de ventilar cosas, pero una vez que pasó me di cuenta que no era nada grave. Al principio me daba miedo que estuvieran las fotos de Tomás. Después me di cuenta que uno está muy enviciado por la sociedad pero no pasa nada, cuando algo está hecho con amor y con pasión es difícil que pase algo malo.

Tomás, el hijo de ambos que tiene 11 años también ha escrito un libro, Un viaje por la Patagonia. A ambos les emociona hablar de este nuevo escritor en la familia.

¿Cómo es ser la mamá del escritor?

Valeria: Todo pasa por ahí, por el orgullo, por darme cuenta que tengo un hijo que escribió un libro y que le costó mucho, que se cansó mucho pero lo terminó. Eso me demostró que aprendió, que lo valora, que lo siente, que lo tomó responsablemente, que lo asumió como un laburo propio y que ahora lo disfruta aunque le cuesta también todo ese proceso. Sabe que todo trabajo cuesta y al final tiene los beneficios,  pero hay que laburarlo, hay que manejar toda esa información.

Valeria y Tomás curioseando

Valeria y Tomás curioseando

¿Cuál es el libro más especial?

Ezequiel: Se reparte entre La Trochita y Papá pesqué. Te diría que por lo que implica y lo que involucra me quedo con La Trochita.

Valeria: Aventuras en los siete lagos. Porque es el primer libro que me escriben a mí. Y es el campamento de cuatro años de Tomás. Y me lo perdí. Y lo leo y digo que no me lo quiero perder nunca más, que todo lo que haga ahora no me quiero perder. Es muy emocionante porque hay muchos sentimientos en cuanto  la relación que tienen entre ellos. Y está bueno, por un lado, habérmelo perdido y ver cómo se relacionaron ellos y cómo lograron padre e hijo involucrarse en un campamento y disfrutarlo. Está bueno observar al padre solo con un niño de cuatro años, sin la mamá, (cuando el foco siempre está puesto en la mamá). Está  bueno quitarse esa presión. Valoro como fue esa relación y haberlo disfrutado como espectadora. Es interesante verlo desde fuera, cómo se genera el vínculo y cómo lo van manejando sin tener la presencia de la mamá. Son ellos dos.

¿Cuál es el que más te apetece escribir y no has escrito aún?

Ezequiel: El del siguiente viaje. Cada vez que estamos preparando en casa el próximo viaje, hay una expectativa tan grande, aunque vayamos a un lugar conocido.  El libro que viene en ese viaje que está por hacer es el que más me gusta escribir.

¿Qué tiene la Patagonia que sigue escondiendo historias para tus las descubras y las cuentes?

Ezequiel: La Patagonia es historia pura. Hay tanto por contar sobre la Patagonia… y pasa lo mismo con todos los lugares donde uno llega, en cualquier parte del mundo. Hay muchísimo por escribir, tanto de la historia del lugar como lo que uno puede vivir en el lugar. Lo que me pasa  a mí con la Patagonia es que me siento muy cómodo y siento como que es mi lugar en el mundo. La palabra me sale fácil cuando escribo sobre Patagonia.

Mirando en el muelle

Mirando en el muelle

¿Qué relación tienes con un viaje después de haberlo plasmado en un libro y cómo es el regreso a ese lugar?

Ezequiel: Uno hace el viaje. En algunos casos conoce el lugar porque es la primera vez que va, en otros recorre lugares conocidos pero el libro te da el tiempo para que vuelvas a vivir, a pensar, a recordar ese viaje. Capaz que estás en un sitio durante muchos días escribiendo sobre ese sitio, entonces, cuando volvés a ese lugar lo conocés como si fuera tu cuadra (calle). Volver a ese lugar es volver a un lugar totalmente conocido. Volver a un lugar donde uno vive porque el libro generó esa pertenencia.

¿Habrá una Valeria que se anime a escribir?

Valeria: Puede ser. Tal vez, en algún momento, más allá de mis colaboraciones puntuales  o de las fotos quizá pueda escribir, por ejemplo, algún capítulo, como ya escribí el prólogo del libro de Tomás. Por ahí sí me animo , pero sería una manera distinta a la de Ezequiel. Puede ser y puede que me anime a hacerlo ahora.

Hay varias actividades que se han generado en torno a La Trochita, ¿cómo se vive todo eso?

Ezequiel: Se vive con mucha emoción y aprendizaje. Muchas cosas que nos suceden son nuevas para nosotros. Montar una exposición de 10 fotos, en una sala de arte del aeropuerto de Bariloche, es algo inédito para nosotros, nunca hemos hecho algo de  semejante envergadura. Y las repercusiones de eso vienen a diario, alguien llama, alguien consulta, alguien te felicita, alguien que se hace una foto  y nos la envía… Y la participación de la fiesta del tren a vapor (será en febrero), que es la fiesta más importante en torno a La Trochita que se realiza en la Patagonia, es una invitación que nos llena de orgullo porque la gente de El Maitén, que es el centro neurálgico de la Trochita, nos invita especialmente a presentar el libro en ese lugar. Estamos invitados a ser protagonistas de esa fiesta y no vamos a ser espectadores. Es emocionante, es un honor, nos vamos a encontrar con un montón de gente que nos ayudó a hacer el libro. Y el libro La Trochita, que persigue el objetivo de sumarnos a mucha gente que quiere que el tren funcione recorriendo todo el ramal, va a ser un empuje importante. Es importante  que la gente sepa que el tren está funcionando solo como tren turístico y que estaría bueno que funcione en toda su extensión y que funcione como tren social. Queremos regalar libros a todos los que nos ayudaron, dejar libros en escuelas y bibliotecas de los pueblos que están por el ramal y regalarlos porque queremos, es lindo y está bueno.

¿Vender vuestros libros, entonces, ayudan a que podáis participar de estas iniciativas y que podáis seguir viajando?

Ezequiel: Absolutamente. De hecho, está bueno que la gente compre libros. Y si logramos vender muchos libros logramos financiar viajes que nos permiten escribir más libros. Y la rueda gira. Nosotros podemos viajar y la gente puede leer y viajar con nosotros.

Fitz Roy

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¿El libro se piensa antes de ponerse en ruta?

Ezequiel: Cuando viajamos no llevamos una idea preconcebida. Nosotros viajamos y escribimos nuestra bitácora de viaje, registramos lo que pasa y eso después deriva en un libro. El libro puede disparar para cualquier parte, se termina de armar cuando hemos vuelto de viaje, con toda esa información que tenemos, con los que no pasó.  

Valeria, tú que llevas la comunicación de Libros de viaje, ¿cómo es toda esa parte?

Valeria: Yo estoy aprendiendo porque no me dedico a esto. A veces es frustrante porque no siempre hay respuesta cuando nos contactamos con los medios, pero cuando alguien responde, se me quitan todas las frustraciones. Y que alguien te publique una nota porque enviaste un mail pidiendo ayuda es muy gratificante.

Como inspiradora primera de los libros de viaje, ¿qué viaje te gustaría que sucediese para que te lo contasen y compartirlo?

Valeria: Una de las cosas que yo quiero hacer es conocer la Antártida pero además me interesa mucho el Aconcagua, no escalarlo yo pero sí me gustaría que si Ezequiel decide un día hacerlo, que ese relato sea solo para mí, no me gustaría compartirlo. La Antártida sí la compartiría, porque esa la quiero hacer yo. El año pasado cuando estuvimos encima de un glaciar y sentir que eso no es nada al lado de la Antártida… yo quiero conocerlo y de alguna manera lo vamos a lograr. Y probablemente ahí me animaría a escribir algo.

¿Habéis fantaseado con la idea de escribir un libro juntos, a dos voces?

Valeria:  (piensa) Igual hay muchas cosas que hemos escrito juntos o que hemos filtrado juntos.

Ezequiel: Ya hay mucha colaboración de parte de Vale en los libros pero no sé si nos lo hemos planteado así alguna vez así. No estaría mal.

Ya tenéis libros, web, facebook, twitter… ¿alguna cosa más en mente?

Ezequiel: Próximamente un blog para contar desde la lista que nosotros tenemos con lo que llevamos a los viajes, o las comidas que hacemos hasta lo que sentimos, las ganas que tenemos de viajar, mapas, rutas, las reuniones que hacemos con otros viajeros. La idea es sumarlo al blog y que eso esté disponible.

Ya es madrugada y está diluviando. No importa, como si estuviésemos en la carpa, escuchando la lluvia que resbala por el techo, seguimos charlando, del próximo viaje, de ese que empezarán mañana para descansar y disfrutar de acampar en un lugar inhóspito en su amada Patagonia. Tal vez, este viaje también genere un libro. Ya se sabe que la inspiración es caprichosa.

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4 Respuestas a “Libros de viaje. La Patagonia en palabras

  1. Henar querida. Mil gracias por la nota, es hermosa. Fue una noche muy agradable con ustedes, nuestros amigos y una charla fabulosa. Disfrutamos mucho tu acento español, no lo cambies nunca, la cena, y la palabra. los queremos. A seguir viajando y escribiendo por el mundo. saludos a todos los que leen!

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