Feliz aniversario

Las fechas se imponen. Resuenan, agudas o graves, aunque no tengamos el calendario colgado en la pared y en medio de la semana digamos eso de ¿qué día es hoy? Saben hacerse notar, incluso parece que se manifiestan por casualidad, o quizá por arte de magia. Sea como sea,  no podemos escapar de ellas, al menos de algunas.

Todo tiene una muesca en el almanaque, aunque no hayamos redondeado el número para recordar el por qué. No es preciso ponerle color o forma ni siquiera un sonido en el smartphone. Va a significarse,  ya  sea un acontecimiento extraordinario o la más anodina de nuestras acciones cotidianas. La memoria tiene sus estrategias y va configurando los estantes en hileras de momentos que no entienden de orden alfabético o de gamas cromáticas. Se ordenan por inercia. Lo que ha de permanecer ahí está, aún cubierto de polvo. Cómo no recordar el día en qué nacimos. La primera vez que leímos solos. El primer viaje con mochila y sin padres. La primera vez que dormimos el carpa. La muerte de un ser querido. El día del beso que nos reconoció en otro. El primer sello en el pasaporte. El día en que el deseo se dejó llevar. El día que mantuvimos el equilibrio sobre los pedales y la bici nos enseñó la libertad. El día que votamos con el corazón comprometido por unos ideales. El examen aprobado que nos permitió estudiar lo que más queríamos. El paseo bajo la lluvia torrencial en el que las carcajadas nos descubrieron que el amor es a primera risa. El último día de primaria, cuando ya nos sentíamos mayores. La primera vez que nos acostamos al alba. La primera calada del cigarrillo que nos gustó. El día que dejamos de fumar. El primer vuelo transoceánico. La primera ascensión, o la quinta, o la última, o la que está pendiente a otra montaña entre tantas.

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Y el día que abrimos este blog como el primer paso de un sueño que empezaba a perfilarse en un borrador que se corrige todo el tiempo, a golpe de borrones y anotaciones al margen, que se remarcan o se tachan, según caiga. Cómo no recordar ese día que escribimos el primer post sin saber si alguien lo leería, si habría alguien que viajaría en nuestras palabras por los destinos que elegimos y transitamos con una vocación determinada. Ese día, en que había que pensar categorías y etiquetas, buscar imágenes, elegir diseño, enumerar propuestas y redactar borradores. Ese día en el que hubo uno, tal vez dos o tres, quizá cinco lectores anónimos que pasearon por Buenos Aires subidos a nuestras palabras y que no opinaron pero que tal vez volvieron en otra ocasión. Ese día en que empezó todo. Como tantas veces. Ese día en que publicamos ese  primer post porque se confabularon varias circunstancias: las ganas de escribir, la vocación y el oficio deseando expresarse con la libertad de los contenidos que eligen quiénes  firman y fotografían, el empujón que un escaparate como este ofrece a un proyecto de viajes y crónicas documentales que aspira a desarrollarse en plenitud, y especialmente una de las ciudades más hermosas que he conocido. Buenos Aires. Una ciudad que se merece una declaración de amor pública porque se lo gana cada día, porque me fascinó desde el momento en que la pisé, la contemplé y la paseé, desafiando a todos los que creen (y dicen a voz en grito) qué haces acá siendo europea si  son mejores París, Londres, Barcelona,  Berlín, Estocolmo, Amsterdam o Madrid y no son capaces de mirar y reconocer que habitan una urbe ecléctica, intensa, hermosa, caótica, seductora y auténtica. Yo tenía que contarlo. Yo tenía que decir cómo es Buenos Aires, como la ve y la siente esta chica extranjera que ha viajado mucho y ha conocido otras megaurbes y le reconoce a Buenos Aires un alma tan indescriptible como apabullante sin que quepan las comparaciones. Buenos Aires me animó y nos empujó. Sí, las fechas están. Y resuenan. En susurros o en un grito.

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hermosa Buenos Aires

Hoy hace un año nacía EternomadE, una identidad pensada para acompañar nuestra vida por el mundo con las miradas y las palabras de muchos, con la esencia irrenunciable de compartir destino y travesía, de parar las veces que sea necesario, rearmar la mochila, recomponer el peso, ajustarse los cordones de las botas, abrazarnos, mirar el horizonte, respirar profundo, releer el mapa, dejarse llevar, perderse, tomar unos mates, y un vino, y un café caliente, charlar, y charlar, y charlar. Cansarse. Descansar. Discutir. Perdonarse. Madrugar. Mirar. Mirarnos. Escribir. Sonreír. Y seguir girando.

Un año después seguimos en ruta. Con más amigos de los que teníamos cuando empezamos. Con más estímulos. Con más ganas. Con mucha más inspiración.

A veces, las fechas merecen celebración y están muy bien los brindis y los deseos escondidos en los ojos cerrados mientras se consume la cera del pastel.

Feliz aniversario y un regalo

DON’T GIVE UP (Peter Gabriel) –pincha aquí para leer la letra original y la traducción

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2 Respuestas a “Feliz aniversario

  1. Maravilloso relato!!! lleno de emociones, nos hace dar cuenta de la cantidad de aniversarios que tenemos en nuestra vida que a veces pasan… invisibles ante nuestros sentidos!!!! Feliz aniversario entonces!!!!

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