Italia: viajar de Potenza a Lamezia en autobús

En nuestro viaje a Italia, nuestra presencia en Matera estuvo cargada de anécdotas que aderezaron la desbordante belleza de esta ciudad a la que llegamos por recomendación.  Tal y como había sido nuestro desembarco en la ciudad de il sassi, era previsible que las circunstancias se repitieran en la despedida. Y como sospechábamos, nuestro “informador” de la ciudad, Pascuale, no supo, obviamente, indicarnos cómo llegar a nuestro siguiente destino. Apenas fue capaz de sugerirnos dónde descubrirlo. Lo que no imaginábamos es que viajar a Potenza en autobús iba a ser una aventura.

vista de Matera al anochecer

vista de Matera al anochecer

Viajar a Potenza

Para llegar a Francavilla teníamos que pasar por Potenza (lo que nosotros ya sabíamos). Lo curioso es que en la agencia donde vendían los billetes de autobús no nos informaron más que de ese trayecto. Cómo llegar a nuestro destino tendríamos que averiguarlo en Potenza. Curioso pero cierto. Como capital de la región de La Basilicata podía ofrecernos mejor acceso a la información y mejores frecuencias de transporte hacia los diferentes pueblos.

Despidiéndonos de Matera

Despidiéndonos de Matera

Nos despedimos de la hermosa Matera en autobús.

Atrapados por la desinformación

Llegamos pasadas las 15 h. a una Potenza lluviosa y fría. El bus se detuvo en la estación de tren. Nos dirigimos a la boletería y preguntamos cómo ir a Francavilla directamente, o a Lagonegro, la ciudad en la que sabíamos que podíamos combinar para llegar a nuestro destino. Ninguno de los empleados de la empresa de ferrocarriles supo cómo viajar. Ni siquiera dónde estaba la estación de autobuses. En realidad es que no había estación de autobuses. Éstos, paran en las calles como un bus urbano y en frecuencias esporádicas. Mañana y tarde con suerte. Generalmente una de las dos alternativas. Los conductores de otros autobuses nos mandaron calle arriba. No había un alma. Todo estaba cerrado. Y de los dos o tres transeúntes que nos cruzamos ninguno sabía muy bien si ahí donde estábamos pararía un autobús, y mucho menos si había una oficina de información turística. Llovía.

ciudad en pendiente

ciudad en pendiente

Los autobuses paran en las calles como un bus urbano y en frecuencias esporádicas. Mañana y tarde con suerte

Potenza

Potenza

Al lado de donde estábamos esperando había una agencia de viajes. Cerrada, claro. Tendríamos que esperar una hora a que abrieran para que alguien pudiera darnos una información. Cuando la mujer abrió nos mandó calle arriba donde podríamos tomarnos el bus que nos llevaría a Lagonegro. Había que esperar por lo que nos recomendaron subir al centro de la ciudad, al que había que llegar a través de las escaleras mecánicas que unen Potenza. Y nos fuimos a ascender la ciudad. Tomamos un café ristretto exquisito en un bar común de una plaza, bastante fea, en reparación. Caminamos un poco bajo una fría garúa por una ciudad abandonada por las tentaciones de las siestas.

escaleras mecánicas

escaleras mecánicas

Plaza de Potenza

Plaza de Potenza

¡Y más nos quisimos matar cuando nos enteramos que Senise estaba a sólo 10km de Francavilla! ¡Hasta podíamos haber ido a pie!

Bajamos del centro de la ciudad y nos fuimos a la parada. Empezaron a llegar autobuses. Por si acaso, y teniendo en cuenta que nadie nos daba informaciones claras ni contundentes, preguntábamos a todos los conductores: ¿Francavilla? Nuestra idea era que teníamos que tomarnos el bus a Lagonegro pero todos los conductores (que fueron varios) nos dijeron que teníamos que tomarnos el de Senise (que venía ahí atrás). Así que cuando pasó el de Lagonegro lo dejamos ir. Llegó el de Senise. Subimos las mochilas al portaequipajes y le dijimos nuestro destino al conductor: Francavilla. ¿Francavilla? No, este va a Senise, nos dijo en un italiano que comprendimos a la perfección. Le intentamos explicar que todos sus colegas nos habían asegurado que era ése el que teníamos que tomar. No, no. De Senise a Francavilla solo se puede ir en coche, nos dijo. Nos queríamos matar. Queríamos matar a todos los conductores que nos habían engañado (seguro que sin intención pero nos habían fastidiado el día y la organización del viaje). ¡Y más nos quisimos matar cuando nos enteramos que Senise estaba a sólo 10km de Francavilla! ¡Hasta podíamos haber ido a pie!

Potenza, la ciudad de las escaleras

Mientras puteábamos por la mala información recibida, un hombre se nos acercó conciliador. Todas las alternativas que nos daba ya las habíamos intentado. Nos dijo que había una oficina de turismo en la plaza principal. Y nos indicó un hotel por si teníamos que hacer noche en la ciudad, que iba a ser lo más probable, teniendo en cuenta que los últimos buses del día se acababan de ir y eran las cinco de la tarde. Volvimos a  la parte alta de la ciudad. La indicada oficina de información era municipal así que estaba en el edificio del Ayuntamiento. Nos dirigimos hacia ella, al menos para enterarnos bien de cómo viajar a Francavilla sin posibilidad de error y para buscar la mejor alternativa para dormir. Cerrada. La oficina estaba cerrada. ¡Una oficina de información para turistas solo abría de 9 a 14h! Por la tarde no. Increíble pero cierto. Con este mal recibimiento y el frío lluvioso de esta capital de la región de la Basilicata (la capital de región más alta de Italia), Potenza nos dio una sensación desangelada. Pero nos dimos la oportunidad de estar en la ciudad, mirarla, buscar su atractivo. Si bien nos fue difícil, nos resultó interesante ver cómo se construyó sobre una colina de los Apeninos, ofreciendo unas vistas muy lindas. Y ver cómo fue creciendo hacia abajo obligando al desarrollo de calles en pendientes, infinidad de escaleras, edificios con salidas a dos calles en diferentes plantas del mismo, hasta llegar a la actualidad con la instalación de las escaleras mecánicas públicas que mencionamos más arriba, que le dan personalidad.

¡Una oficina de información para turistas solo abría de 9 a 14h!

Desangelada Potenza

Desangelada Potenza

la ciudad sobre la colina

la ciudad sobre la colina

ITALIA - POTENZA-043

edificios con distintas salidas

escaleras mecánicas en la ciudad

escaleras mecánicas en la ciudad

escaleras tradicionales

escaleras tradicionales

Paseamos. Buscamos un lugar para dormir. Lo encontramos. Después nos fuimos a la búsqueda de un bar donde comer algo y ver el Chelsea Barça por semifinales de Champions que se jugaba esa noche. Lo encontramos. Para colmo, el Chelsea ganó 1 a 0. La pizza estaba muy rica.

A la mañana siguiente madrugamos para dirigirnos a la oficina de turismo para confirmar todos nuestros próximos recorridos. La oficina estaba abierta pero ¡oh, sorpresa! el funcionario encargado no estaba. Había salido a hacer unas gestiones. Ningún otro empleado nos atendió. Vendrá enseguida. Esperamos una hora. Nos fuimos. Volvimos. Pasaron dos horas y el hombre llegó. Tardó más de media hora en conseguir la información que nos permitirían cubrir el itinerario Potenza-Lagonegro-Francavilla y la que nos trasladase de Francavilla a Lamezia-Terme, pero lo logramos. En cuanto llegó la hora nos subimos al bus correspondiente. Llegamos a Lagonegro. Dimos una vuelta muy corta y nos subimos a otro bus que nos llevaría a Francavilla. Costó pero llegamos.

Lagonegro

Lagonegro

Nuestro objetivo real en el sur de Italia era Francavilla in Sinni, así que después de las peripecias, lo habíamos logrado. Nos encontramos con un pequeño pueblo enclavado en un paisaje serrano muy verde y abierto, en el que no se notaba el paso del tiempo, tanto a través de los años como a través del día. Íbamos a hacer un trámite, pero tras la demora para llegar, los plazos se extendieron hasta el fin de semana y tuvimos que quedarnos más de lo previsto, lo que nos hizo conocer mejor el pueblo, sus velorios, la generosidad de una familia que nos ayudó muchísimo y nos permitió descubrir el hermoso Parque Nacional del Pollino. Pero eso será tema de la próxima nota.

Una vez que terminó nuestra estadía en Francavilla in Sinni la cuestión era llegar a Lamezia Terme, de donde partiríamos hacia Alemania. Teníamos las indicaciones de la Oficina de Turismo de Potenza que fueron fundamentales para que entendiéramos la lógica con la que debíamos buscar los transportes para viajar a nuestro destino en particular y para movernos por el sur de Italia en general. Por las dudas, chequeamos todos los horarios que nos habían dado. Afortunadamente nos dimos cuenta a tiempo de que ninguno estaba bien. Pero sí el itinerario, que ya era bastante.

Bajando a Sapri

Partimos temprano y paramos nuevamente en un Lagonegro nuevamente lluvioso, luego de otro corto paseo, el enésimo delicioso ristretto y un helado muy rico. Seguimos viaje en un minibus que repartía por la ruta adolescentes que salían del colegio. Nuestro destino era Sapri, donde tomaríamos el tren a Lamezia. Sapri es un pequeño pueblo de playa en una bahía del mar Mediterráneo, al pie de unos boscosos cerros. La bajada del bus por esos cerros, en medio de la lluvia, con los vidrios empañados, fue una de las cosas más hermosas que vimos en el sur de Italia, uno de esos espectáculos que se presentan sorpresivamente en todo viaje.

Es un espectáculo ver cómo pasa el tren por el estrecho de Messina: en barco. Nos quedamos con las ganas

Estación de Sapri

Estación de Sapri

Esperamos el tren en Sapri. Se nos acercó un ferroviario a conversar con nosotros. Como no íbamos a llegar a Sicilia, nos recomendó que cuando fuéramos, tomáramos también el mismo ferrocarril, ya que es un espectáculo ver cómo pasa el tren por el estrecho de Messina: en barco. Nos quedamos con las ganas, alguna vez haremos ese trayecto.

Lamezia en la colina

Finalmente llegamos a tiempo a Lamezia, los trenes cumplieron con su fama de puntualidad. La estación de tren estaba relativamente cerca del aeropuerto, pero más lejos de la ciudad de Lamezia Terme. Una vez más, nadie supo indicarnos cómo llegar al centro: en un hotel donde preguntamos fueron muy maleducados y además no nos dijeron que en el quiosco de al lado vendían los pasajes y en el quiosco nos cobraron el pasaje el doble de lo que valía. Pero también logramos llegar. De nuevo, nadie nos supo indicar dónde encontraríamos un lugar para dormir por lo que dimos vueltas durante un par de horas con nuestras mochilas al hombro. La escasez de opciones conspiró contra nuestra intención de conseguir un buen precio, pero lo tuvimos que aceptar. Era una sola noche. Aprovechamos para conocer la ciudad que descansa sobre una colina. Al día siguiente la recorrimos bajo un hermoso sol. La zona vieja era muy linda, con calles serpenteando colina arriba hasta las ruinas de un castillo normando. Volvimos al centro viejo. Ahí se repitió la escena que habíamos visto en todos los lugares que visitamos en este viaje: por todos lados veíamos grupos de dos, tres, cuatro, hasta ocho hombres conversando (una vez vimos a una mujer); a las mujeres las vimos haciendo compras, trámites, etc. También vimos una enorme cantidad de imágenes religiosas, sólo que en Lamezia la cantidad fue infinitamente mayor, como contamos en otra nota.

Lamezia Terme-110

calles serpenteando

a la vera del Castillo

a la vera del Castillo

grupos de hombres

grupos de hombres

hombres de charla

hombres de charla

El viaje por el sur de Italia terminó, tras comer unos exquisitos quesos y embutidos, en otro viaje a la estación de tren donde se podía tomar el único bus al aeropuerto. Y volamos a Alemania. Pero esa es otra historia.

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