La hospitalidad en Francavilla in Sinni

Tras quedarnos varados un día en Potenza por problemas con el transporte, conseguimos llegar a nuestro destino: Francavilla in Sinni.

vista de Francavilla

vista de Francavilla

Llegamos a Francavilla a la hora de la siesta. El bus nos dejó en el centro. Dimos unas vueltas y averiguamos dónde estaba el negocio del hombre que buscábamos, Vincenzo, para que nos ayudase con un trámite. Obviamente no hacía falta mucho: en un pequeño pueblo todo el mundo se conoce, hasta saben si un apellido es de la zona o no.

el corazón del pueblo

el corazón del pueblo

Encontramos a Vincenzo y a su encantadora mujer, María, quien nos invitó a su casa a tomar algo.  Charlamos con ella un rato largo mientras comíamos su bizcocho recién horneado. La generosidad y hospitalidad de esta entrañable pareja (su hija vivía en Roma) no se limitó a orientarnos en el pueblo o ubicarnos en un alojamiento de confianza, sino que nos ayudaron en la resolución de nuestro trámite, por el que tuvimos que ir a una ciudad cercana a la que nos llevó su cuñado, Agostino.  Y todavía hubo más: nos invitaron a comer en su casa de campo y hasta nos llevaron a pasear por una hermosa ruta del Parque Nacional del Pollino.

Montañas del Pollino

Montañas del Pollino

En el bar no había más mujeres que  la dueña, que entró, saludó y siguió viaje hacia la cocina

Nada más llegar, Vincenzo nos llevó a tomar algo al bar del pueblo, donde probamos el bitter de naranja típico de la zona. También corroboramos una constante en nuestro viaje por el sur de Italia: la separación de hombres y mujeres en las actividades públicas.  En el bar no había más mujeres que  la dueña, que entró, saludó y siguió viaje hacia la cocina, mientras nos atendía su marido.

El “pequeño” río Sinni fue navegable en épocas de los romanos

El otrora navegable río Sinni

El otrora navegable río Sinni

Charlando en itañol

Por pedido del  carismático párroco, Don Franco, a la familia, Agostino nos llevó a Tursi, a 30 km de distancia,  en su auto de la mutual de ambulancias, con lo que nos resolvió un problema (Don Franco se rió a viva voz cuando le dijimos que pensábamos ir en taxi).  Además, en el viaje compartimos con Agostino una larga y rica charla en Itañol. Entre otras muchas cosas, nos contó que el “pequeño” río Sinni fue navegable en épocas de los romanos. Esto es una confirmación más de como se van secando los ríos en diferentes lugares del mundo.

vista de Tursi

vista de Tursi

"El" olivo de Tursi

“El” olivo de Tursi

Los hombres observaban extrañados la presencia de dos foráneos como nosotros, cuyas miradas inhibieron nuestras cámaras

Nuestra llegada a  Francavilla coincidió con la muerte de dos vecinos del pueblo, así que nos encontramos de luto los alrededores de la iglesia y a cada rato un nuevo auto luchaba con las angostas calles, en su intento de llegar al entierro. Así que también pudimos contemplar cómo pueden ser, por ejemplo, sus velorios, en los que mientras las mujeres rezan enlutadas frente al féretro en el interior de la casa del fallecido, los hombres conversan y fuman fuera y, en este caso, observaban extrañados la presencia de dos foráneos como nosotros, cuyas miradas inhibieron nuestras cámaras.

un coche intentando llegar al entierro

un coche intentando llegar al entierro

Un domingo de paseo y almuerzo pantagruélico

Tuvimos oportunidad también de disfrutar de la hospitalidad de una familia que nos ayudó mucho, nos abrió su casa y nos mostró la belleza del Parque Nacional del Pollino, con sus espectaculares vistas, las cimas cubiertas de nieve y el encanto de los pueblos que, dentro del Parque, fuimos atravesando.

Vista de las montañas del Parque

Vista de las montañas del Parque

Nieve en la ermita del alto

Nieve en la ermita del alto

Los pueblos del Parque Nacional

Los pueblos del Parque Nacional

Con Vincenzo en una cima nevada del Pollino

Con Vincenzo en una cima nevada del Pollino

La mesa es uno de los lugares esenciales para compartir un poco de vida, para conocer la intimidad de la gente y la esencia de sus tradiciones

Con nuestros anfitriones compartimos una comida dominical en su casa familiar de campo. María amasó unos orecchietti que comimos con una salsa de tomate hecha por ella. Mientras se hervía el agua para cocer la pasta, Vincenzo desplegó quesos, embutidos y vinos caseros (como todo en esa casa) para ir abriendo el paladar. Agostino, el cuñado, vino a almorzar con nosotros para despedirse.  La mesa es uno de los lugares esenciales para compartir un poco de vida, para conocer la intimidad de la gente y la esencia de sus tradiciones. Y hasta del lenguaje. Mientras comíamos, nos fueron enumerando cómo se dice en italiano algunas de las delicias que estábamos degustando y cómo las denominan ellos con el dialecto del pueblo. Así aprendimos que el salame se dice sapurseta; la pasta cavatelli se dice raskatelli y a la salsiccia la llaman sabusiz. Esta pequeña lección de vocabulario gastronómico nos ayudó a comprender por qué en los días que habíamos pasado con ellos los entendíamos perfectamente cuando se dirigían a nosotros y sin embargo, cuando hablaban entre ellos, en ocasiones no rescatábamos ni siquiera una palabra comprensible para nuestro itañol. Nos explicaron que en pueblos muy cercanos hablan dialectos muy diferentes entre sí, derivados de lenguas tan diversas como la eslava, griega, germánica y albanesa.

de camino a la casa de campo

de camino a la casa de campo

La casa de Vincenzo y María

La casa de Vincenzo y María

el aperitivo

el aperitivo

la delicia del queso fundido a la brasa

la delicia del queso fundido a la brasa

asado en la chimenea

asado en la chimenea

Los orecchietti

Los orecchietti de María

A lo largo de cinco días disfrutamos de este pequeño pueblo en el que parece haberse detenido el tiempo tras dejar su huella. Un pueblo, desde el que desde cada rincón se ve la majestuosidad del valle del río Sinni que le da su nombre.

vista desde un balcón

vista desde un balcón

El valle del Sinni

El valle del Sinni

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2 Respuestas a “La hospitalidad en Francavilla in Sinni

  1. mi francavilla querido me gusto mucho la historia de los chicos macxime que se encontraron con mi primo Vincenzo a quien quiero mucho y le mando un gran abrazo a tutta la famiglia me gustaria conocer el nombre de los chicos y dezdeya felicitaciones por el viaje y las aventuras que han contado un abrazo

    • Muchas gracias por la lectura. Vincenzo y María son grandísimas personas que nos recibieron muy bien en su casa y nos enseñaron el encanto de Francavilla. Saludos

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