Imprescindibles de Buenos Aires: Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA)

La memoria es necesaria, aunque sean muchos los que se empeñan en repudiarla. Como si el olvido fuese posible. El Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma) de Buenos Aires es el ejemplo de lo imprescindible que es el recuerdo comprometido.

Foto cortesía del Espacio Memoria y Derechos Humanos

Foto cortesía del Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma)

La visita a este centro, ubicado en la Avda. del Libertador de Buenos Aires, era obligada. Necesaria, diría. Porque no es lo mismo haber escuchado o leído relatos que pisar, mirar, oler  el lugar donde se produjeron los hechos más monstruosos de la historia más reciente de Argentina, durante la última dictadura (1976-1983), donde fueron desaparecidas alrededor de 5.000 personas.

Para visitar El Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma) hay que reservar cita.  La visita es guiada. Una trabajadora del centro, que será nuestra acompañante, nos recibe y nos avisa que no será fácil. Tres horas por delante para recorrer los espacios y escuchar un relato que escuece y angustia.

En el grupo hay gente de todas las edades pero son esperanzadoras las de varios adolescentes que no pierden detalle y preguntan con interés.

El espacio impresiona. Es inmenso. Sobrecoge  imaginarse los Falcon llegando al predio para trasladar a los detenidos a la Casa de Oficiales. Es difícil imaginarse que fueran tantos los que no se enteraban de lo que pasaba. Allí, en ese sótano que hoy apesta a humedad, los trasladaban para torturarlos.

Foto cortesía del Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma)

Foto cortesía del Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma)

Caminamos mientras escuchamos el relato de los hechos, posible gracias a los que sobrevivieron a la barbarie. Por allí pasaron hombres y mujeres, algunas embarazadas. Cuando llegaba el momento del parto, esas mujeres eran trasladadas a una minúscula habitación donde les controlaban las constantes vitales para asegurarse el nacimiento de su bebé que sería robado y entregado a otras familias para arrancárselos a sus madres y robarles la identidad. Entrar en esos cuartos inmundos revuelve las entrañas. Se siente el frío insoportable del invierno y el calor pesado del verano.

La energía del Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma) pesa como una losa.  Es inevitable imaginarse a los prisioneros cubiertos con esas capuchas pestilentes arrastrando los grilletes; soportando la picana por el recorrido de su cuerpo para evitar la detención de los compañeros que seguían luchando en la clandestinidad; oír la llamada a una hilera de números cada miércoles para trasladarlos a los vuelos de  la muerte;  a los prisioneros seleccionados como trabajadores esclavos archivando las noticias  de otros países que hablaban de ellos;  a los niños llorando al nacer a una vida que olía y sabía a muerte.

Cuando la visita termina el silencio sobrecoge. La guía tenía razón. No ha sido fácil. Nada fácil. Y quedan muchas preguntas por responder. Ahora habrá que continuar leyendo para seguir conociendo.

Foto cortesía del Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma)

Foto cortesía del Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma)

Fueron miles los hombres y mujeres que pasaron por este campo de concentración. Son miles los desaparecidos. Cientos de niños robados. Miles de familias destruidas, mutiladas. Miles de madres y abuelas que siguen reclamando justicia, que esperan vivir un día más, tal vez un año para, al menos, ver condenados a los verdugos de sus hijos; para recuperar a sus nietos.

Haber convertido este monstruoso campo de concentración en  El Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma) es un acierto. Porque una sociedad democrática, que ha luchado y logrado la libertad debe conocer cuáles fueron los hechos que la castraron. Porque las generaciones que han nacido en democracia tienen que conocer qué les sucedió a quienes lucharon por ella, para evitar que vuelvan a repetirse las atrocidades que impidieron la libertad y la convivencia. Porque la defensa de los Derechos Humanos es obligada y en ese sentido Argentina merece un gran reconocimiento por ser un país modelo que lleva años juzgando a los genocidas para que los delitos de lesa humanidad no queden impunes.

Foto cortesía del Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma)

Foto cortesía del Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma)

La memoria es necesaria y es más que un consuelo. Mantenerla dignifica a las víctimas, a sus familias, a la sociedad que la defiende frente a los necios. El olvido es cruel, injusto y peligroso, que no se los olvide.

El Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex Esma) es necesario que exista  y debe ser visitado.

Datos de interés:

Av. del Libertador 8151, Buenos Aires

e-mail para solicitar la visita guiada: prensa@espaciomemoria.ar

web: http://www.espaciomemoria.ar

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