As Fragas do Eume: la necesaria supervivencia del bosque autóctono gallego

La belleza gallega está en el camino

La belleza gallega está en el camino

Galicia está llena de rincones exuberantes que no pasan inadvertidos. La belleza de Galicia es natural. Potente. Genuina. Tiene magia, como si esas meigas (brujas) que dicen los lugareños que haberlas haylas, pudiesen aparecer en el camino, entre los bosques frondosos, suspendidas en el medio de la niebla y el orvallo que encapotan la mirada; tiene la fuerza de una naturaleza abrupta que se mantiene impertérrita pese a las incursiones de los oportunistas y los especuladores. Pueden intentarlo, lo han hecho y lo hacen, pero la tierra es más fuerte y se impone. Voluptuosa. Arrolladora. Poderosa.

Galicia me cautivó hace mucho y he conseguido contagiarlo. Ahora, entre tantos otros, somos dos seducidos por esta tierra irrepetible y hermosa; la mires por donde la mires, la pises por donde la pises. Así que siempre es lugar de paso para EternómadE. Siempre es tierra hospitalaria en la que además nosotros tenemos la suerte de contar con unos anfitriones de lujo que nos hacen de cicerones. Y una vez más, entre todos esos lugares mágicos, hemos descubierto y disfrutado uno nuevo para anotar en la lista interminable de los imprescindibles, donde la naturaleza no solo deslumbra sino que además manifiesta su sabiduría. As Fragas do Eume (los bosques del río Eume), reserva natural de Galicia, han sido nuestro regalo más reciente.

As Fragas do Eume desde arriba

As Fragas do Eume desde arriba

Muy cerca de la localidad coruñesa de Pontedeume, nos adentramos en este paraje espectacular, reserva natural de Galicia. Se siente la primavera. El sol generoso muestra sin pudor las consecuencias de un invierno y una primavera lluviosos que se reconoce majestuosa en los árboles y en el río.

El Eume se viste de primavera

El Eume se viste de primavera

Flores de colores

Flores de colores

Las secuelas del fuego

Hace un año un incendio amenazó con destruir la reserva natural de As Fragas do Eume. El fuego fue incontrolable. Cinco días, del 31 de marzo al 4 de abril, el parque se quemaba sin control en un fuego provocado por una colilla mal apagada y ayudado por una sequía tremenda, un viento traidor y una importante cantidad de pinos y eucaliptos que ardían como la pólvora. Cinco días desoladores en los que se demostró que el bosque atlántico mejor conservado de Europa no estaba preparado para protegerse de una imprudencia por la que nadie ha pagado.

El bosque autóctono se resistió con fuerza al fuego. No así los pinos o ecualiptos

Cascadas en medio del camino

Cascadas en medio del camino

Las asociaciones ambientalistas consideran que la actuación del gobierno autonómico en el parque ha sido escasa, delimitada a los alrededores del Monasterio de Caaveiro, la zona más turística y por tanto la más transitada. Y, efectivamente, esa ruta central se muestra espléndida. Así la hemos visto nosotros. Impresionados por cómo luce el paisaje una año después de las llamas. Recuperada milagrosa o sabiamente. Pero las zonas de ladera (a las que nosotros no llegamos en este paseo), más alejadas y con mayor erosión, han quedado abandonadas según dicen los ecologistas que conocen y son observadores permanentes de la zona.

Se asoma el Monasterio

Aquí vivieron los monjes

Aquí vivieron los monjes

La resistencia del bosque atlántico

As Fragas do Eume son uno de los espacios naturales más ricos de Europa. El fuego lo amenazó. Pero no solo.  Demostró, según los especialistas, que es necesaria una protección más profunda. Y también mostró otra realidad: el bosque atlántico, el autóctono, que es húmedo y tupido, fue capaz de resistirse bastante al asedio implacable del fuego. Por el contrario, las hectáreas que habían sido repobladas con pinos y eucaliptos (y que suman más de 2.000 hectáreas) ardieron sin control. Una vez más se demuestra que la tierra sabe qué es lo correcto. Obligarla a adaptarse a merced de intereses que nada tienen de ambientales implica un coste demasiado alto.

Naturaleza potente

Naturaleza potente

As Fragas do Eume son un rincón privilegiado de la naturaleza. Incomprensiblemente pocos de los paseantes del sábado lo recorrimos a pie. La mayor parte miraban el paisaje desde la ventanilla del coche y a través de las pantallas de sus móviles. No es lo mismo. En absoluto. El parque hay que pasearlo. Pisarlo. Olerlo. Escucharlo. Quedarse cubierto por sus árboles y dejarse guiar por el curso del río que guía el trayecto. Caminamos durante horas entre los robles, los eucaliptos y otras tantas especies irreconocibles para los legos en botánica pero increíbles para la mirada de cualquiera. Disfrutamos de la fuerza del Eume, que corría bravo y poderoso. Y así, paso a paso, llegamos al Monasterio y nos imaginamos la vida de los eremitas que allá por el siglo X se instalaron en la cima del bosque para entregarse a la oración en un entorno óptimo para el ascetismo.

Rincón asceta

Rincón asceta

El bosque no puede ni debe ser una mercancía que garantice los intereses de unos pocos y ponga en juego la riqueza de un territorio

As Fragas do Eume son un lugar hermoso pero al que la tragedia descubrió irregularidades e intereses que lo perjudican en pos de rentabilidades que nada tienen que ver con la naturaleza. Como cualquier parque o bosque no puede ni debe ser una mercancía que garantice los intereses de unos pocos y ponga en juego la riqueza de un territorio. El patrimonio natural es más que un eslogan para promocionar el turismo; forma parte de la riqueza de un pueblo. Es su cultura, su idiosincrasia. Su identidad. Es un legado que tenemos la obligación de proteger para que siga siendo herencia.

Joya natural

patrimonio natural

Todas las fotos de As Fragas do Eume están disponibles en su álbum Flickr

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Una respuesta a “As Fragas do Eume: la necesaria supervivencia del bosque autóctono gallego

  1. ¡Qué extraordinaria síntesis! Es una maravilla majestuosa y sobrecogedora, pero a la vez hospitalaria para que la recorras y la disfrutes. A lo largo y a lo ancho del mundo existen esos seres llamados “humanos” que abandonan “sin querer hacer daño”, colillas encendidas. Si se necesitan brazos y manos fuertes para recuperar – zonas de la ladera … más alejadas y con mayor erosión -, que cuenten con las mías.

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