Un día para descubrir Cudillero

Lo que tiene viajar en tren es que al ritmo del traqueteo y sobre las ventanas se nos van sugiriendo los lugares, como pequeños bocados que se degustan con el tiempo que requieren las retinas para digerirlos y deleitarlos. Y así, a ritmo de tren, llegamos a Cudillero, en Asturias. La estación de la FEVE (ferrocarriles de vía estrecha) te deja arriba. El pueblo ni se ve. Hay algunas casas desperdigadas y una iglesia. Cudillero está abajo, nos dice el jefe de estación.

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El pueblo de Cudillero visto desde arriba

Un pueblo marinero

Cuando nosotros aparecimos se notaba que no había llegado el verano y que la primavera, este año, se ha hecho de rogar por estos lares. El pueblo tiene ritmo de lo que es. De un pueblo que durante el año no tiene más de 2.000 habitantes que se verán multiplicados en periodo de vacaciones, cuando los urbanitas de muchos lugares vengan a buscar reposo a este hermoso rincón marinero que descansa sobre las laderas de la montaña con un puerto pesquero relevante aunque ya no sea lo que fue.

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Barcos en el puerto con la bandera asturiana

En esta primera inmersión, no hay mucho que destacar en el camino. Edificios de viviendas. Comercios. Bares. Gente que va y viene. Al fondo de la calle por la que bajamos distinguimos el albergue-hostal donde haremos noche: Alvear. Está pintado de azul y en la puerta se aparca una bicicleta que decora la fachada y da la bienvenida. Una pareja con un niño nos saluda. Son los dueños. La madre y el pequeño se van. Nos quedamos con él. Un inglés con toda la pinta y un acento que lo delata nos da todas las explicaciones. Dónde pasear. Qué ver. Dónde comer. Cómo recorrer el pueblo que se ordena en pisos de escaleras que distribuyen las casas que se han construido en la ladera de la montaña. El inglés lleva ya unos cuantos años por aquí. Vino. Se fue. Y volvió. Para quedarse. Y nos habla como un local que sugiere al visitante el paseo que debe hacer para atrapar el encanto de su pueblo.

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Las calles tranquilas de Cudillero

Los pescadores que llegan y los que están

Siguiendo sus sugerencias, a eso de las cinco, nos vamos a la lonja. Es el momento justo. Empiezan a aparecer barcos pesqueros. En tierra son varios los que esperan. Algunos visitantes, como nosotros. Otros, curiosos que han convertido este momento en rutina y luego están los que venderán el producto que se ha sacado del mar. Para los que no lo hayan visto nunca es un espectáculo. Pura identidad. Parte de la esencia de este lugar tan pintoresco.

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los barcos vuelven a puerto

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los curiosos esperan la mercancía

Son varios barcos. Los pescadores, que se han ido de madrugada, a unas tres, cuatro horas de distancia, bajan las cajas con lo que han pescado. Los que merodean, comentan. Todos parecen saber. Y nos dan todas las explicaciones. La mercancía es similar en todos ellos: merluza y jurel. Algunas de las cajas se meten en furgonetas para llevarlas a otras lonjas. El resto se quedan en la lonja de Cudillero, donde se pesan, se valoran y se subastan. Así funciona.

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Se descarga la mercancía

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Jureles y merluzas se apilan para la venta

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Así llega el pescado

Mientras se compra y se vende la mercancía, los pescadores se toman una cerveza en el bar de al lado, a la vera de los barcos que reposan después de la faena. Estos hombres, con el rictus cansado, se retirarán en breve porque en unas horas el mar volverá a despertarlos.

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Así se vende en la lonja

Mientras, en el dique, una gran multitud de personas tiran sus cañas al agua. Vamos a verlo. Hay de todo. Hombres. Mujeres. De todas las edades. A algunos se les nota expertos. Otros tienen pinta de novatos. Pescan jurel. Aquí no hay otra cosa.

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Los pescadores se apilan en el dique

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Todas las cañas al agua

La codicia secó el mar

Le pregunto a uno de ellos si es cuestión de sabiduría o de paciencia. Me dice que ambas. Y dice que cualquiera puede hacerlo. El otro que está al lado asiente.

Mientras prepara el anzuelo, sentado en su pequeña banqueta, y lanza el anzuelo al agua, nos explica que a lo largo del día, en el dique de Cudillero, se pueden pescar unos cinco kilos por persona, lo que significa que, entre los que van por la mañana y los que van por la tarde, se pueden llegar a obtener entre 1.500 y 1.800 kilos de jurel. La clave está, nos dice, que el dique tiene agujeros, por lo tanto cuando sube la marea renueva el agua y así está fresca todo el tiempo.

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Charlando con el pescador

Tiene la paciencia del pescador. Y habla como tal. Nos cuenta, con un tono que suena a nostalgia, que antes en Cudillero se pescaba la mejor merluza de pincho (es decir, la que se pesca de forma manual) y el mejor besugo. Se traían cajas y cajas, kilos… y se agotaron los caladeros. Ahora, nos dice, los que pescan son los buques que van con redes y terminarán de liquidar lo poco que hay.

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Con estas cañas se pesca la merluza de pincho

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Los barcos reposan después de la faena

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El pueblo desde el puerto

El pueblo que se esparce por las escaleras

Nosotros nos vamos y ellos seguirán pescando varias horas más. El pueblo nos espera. Como si fuese un edificio, Cudillero se recorre ascendiendo y descendiendo escalones de una escalera que parece multiplicarse por el pueblo. Y en cada piso, una vista diferente, casas de colores llenas de ventanas, con la ropa tendida y los geranios al sol, con los niños volviendo a casa de la escuela… con la vida pausada que transita este pueblo lleno de rincones con encanto.

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Las escalera del pueblo

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Las alturas de Cudillero

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Mirando la tarde

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Cudillero a vista de pájaro

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Haciendo la colada

Después de subir y bajar, de merodear por los rincones, de asomarnos a los balcones y mirar el mar desde todas las alturas, hay que paladear el sabor de Cudillero, que se insinúa espectacular.

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El faro de Cudillero

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Atardece en el puerto

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El ocaso sobre los barcos

Son muchas las alternativas y todas son sugerentes. Elegimos una como podían haber sido otras y disfrutamos de una cena exquisita con productos de la tierra en un Cudillero casi dormido. Y así, con ese letargo nos vamos a dormir para despedirnos a la mañana temprano de un precioso pueblo marinero que seguirá con su rutina mientras nosotros nos subimos de nuevo al tren para descubrir otros lugares.

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La noche tranquila de Cudillero

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3 Respuestas a “Un día para descubrir Cudillero

  1. Maravilloso: media mañana, mediodía, atardecer y, broche de oro, la foto nocturna. Y en la que ” los barcos reposan después de la faena “, parece que las casitas esperan subirse a los barcos. Me encanta la colada arriba de los techos. Bellísimo paisaje.

  2. Estoy organizando mi viaje para esos lados y no es la primera vez que hablan tan bien de Cudillero, seguramente pasaré por allí con mi pareja ya que por las fotos nos parece un lugar muy pintoresco también. Como tenemos un presupuesto estipulado, estamos viendo y evaluando muchos costos por internet en sitios como http://www.tripadvisor.com.ar y http://www.trivago.com.ar/asturias-31624/hotel Estamos muy entusiasmados además porque tenemos amigos viviendo en el país y los vamos a visitar por lo que nos van a oficiar de guía turística también. Muchas gracias por el posteo, saludos!!

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