Por qué visitar Galicia: motivos que seducen los cinco sentidos

Cuando estamos en España, Galicia es una de nuestras anclas. Por muchos motivos. Y cada vez que regresamos a esta tierra mágica, encontramos más excusas. Para quedarnos un poco más. Para volver cuando coincida. O cuando nos invitan. Después de dos meses instalados  entre un bosque tan gallego como tantos y un mar que ya es ría pero que nos ha concedido chapuzones y frescura,  silencios y alborotos, tiempos eternos de lectura y sombras en las que retirarse para comernos una empanada – gallega, claro-, nos despedimos otra vez, hilvanando nuevos motivos por los que hay que volver a Galicia si ya se ha venido o hay que descubrirla si no se conoce. Con los cinco sentidos. Para entender su plenitud. Para que te atrape.

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Vista

Galicia tiene que mirarse. Hay que clavar los ojos en los bosques profundos que se muestran en todos los caminos para tapar el horizonte en todas las gamas de verde posibles.  En el Océano inmenso que abruma la vista. En las playas, minúsculas o enormes, solitarias o abarrotadas.  En las rías que despiden al mar. En los puertos salpicados de barcas dispuestas a faenar. En el agua potente, brava o mansa.  En los acantilados majestuosos que se rebelan o contienen al mar para que no se escape. En los pueblos minúsculos y en las ciudades. En las iglesias, en las pequeñas capillas desperdigadas, en las Catedrales que reciben peregrinos y devotos de todas las partes del mundo. En las murallas romanas que resisten los envites del tiempo y los despropósitos humanos, o en los castros celtas que certifican la génesis galaica.

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Oído

Galicia suena a las gaitas que soplan cuando menos te los esperas. A las fiestas que se suceden, en los pueblos y en las aldeas, entre música y comida, y que a veces sabes que están por ahí pero no encuentras dónde. Al océano que agita sus acantilados, horadándolos, haciéndolos catedrales, o moliendo sus rocas en arena. El oído gallego te entrena para escuchar el viento que arrecia osado como si quisiera llevarse el tiempo. O la vida. Y la lluvia, escandalosa e invasiva, se queda días, o semanas, hasta que se aburre, o arrulla hecha orvallo y se rinde. Por eso en Galicia el verde es tan verde. Y tan hermoso. Por eso el gris tiene tantos matices que aquí se identifican. Galicia suena a gallego. Una lengua propia que se habla, se comparte, se escribe y se canta. Un idioma que se alimenta de todos los matices de esta tierra que no se repiten en ningún rincón de su territorio y que se expresa con un acento inconfundible.

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Gusto

El gusto gallego no se puede describir. Hay que probarlo para entenderlo. Pero sí podemos dar algunas pistas. Galicia sabe a grelos. Y a percebes.  A queso de tetilla. A pescado fresco. A pimientos de padrón, a los que pican y a los que no. A la patata que aquí es oro y que no necesita más que un poco de agua y unos minutos de cocción para ser una delicia tan simple como sublime. A huevos frescos. A verduras que nacen en los huertos que abundan. A marisco inigualable. A la carne con nombre propio. Al vino albariño. Y al ribeiro. Y al godello. A los licores que se maceran en granos de café o en las hierbas que regalan los bosques. A la queimada, que calentará la garganta y que no puede beberse sin el conjuro que espanta las meigas, porque sí, porque haberlas haylas.

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Tacto

Galicia tiene piel para tocar. Y regala texturas potentes.  A piedra dura, resistente, enmohecida e hinchada por el agua interminable que se desliza sin piedad.  A la arena que bordea tantas playas y se mete entre los dedos para escaparse igual, aunque la aprietes. A la madera que sostiene puentes que juntan espacios, que sobrevuelan ríos, que enseñan caminos para que sigas descubriendo rincones que no encontrarías si no te perdieras. A la roca arrugada que levanta acantilados para esperar el mar.

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Olfato

Galicia huele todo el tiempo. Y huele a ella.  Al mar, y a sus frutos, y al océano que la custodian. A los eucaliptos que se levantan en todos los caminos, en los bosques profundos y a la vera de la carretera, y que se aspiran con ese aroma inconfundible que recuerda a invierno. A tierra; fértil, disponible, nutriente, acogedora; a tierra mojada después del chaparrones; a tierra seca cuando el calor la asfixia. A comida, a todos los platos tradicionales que se colocarán delante de tus ojos, suculentos. Y abundantes.

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A Galicia hay que volver, porque hay que venir y recorrer sus mundos infinitos para que siempre nos quede un destino pendiente.

Para entender los motivos que te llevarán a Galicia, puedes leer todas las entradas que hemos publicado sobre los rincones gallegos que ya hemos visitado:

Y si quieres verlo en imágenes, visita nuestros álbumes en flickr

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Una respuesta a “Por qué visitar Galicia: motivos que seducen los cinco sentidos

  1. Como siempre, maravilloso. Porque además, invita a viajar por todo el blog, conociendo y aprendiendo multitud de hechos y cosas desconocidas.

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