Nuestra primera casa en Housesitting

Después de la investigación previa y la inscripción de la que hablamos en el post anterior de esta serie de Housesitting llegaba el siguiente paso. Buscar nuestra primera casa. Un lugar que nos gustara y para el que fuéramos idóneos. Empezamos el rastreo por España. A ser posible queríamos una estancia que fuera un poco larga, que nos permitiera quedarnos un tiempo en un lugar. Y vivirlo. Y conocerlo. A seguir trabajando. Eso sí, buscábamos sabiendo que lo más probable era que nos rechazaran.
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La búsqueda

Entre las que seleccionamos como interesantes, había una que nos resultó favorita. La imagen de la casa. El entorno. Y sus características. Nos parecía como un zapato a medida. Una casa, en la naturaleza, apartada y cuya energía eléctrica proviene de paneles solares fotovoltaicos (era perfecto para el proyecto EconómadE que estamos desarrollando). Era la oportunidad de poner en práctica lo aprendido, adquirir nuevos conocimientos, aprovechar la experiencia  y ser consecuentes con una filosofía de vida que defendemos. Y además, ¡era tan bonita en las fotos! Bueno, había que postularse y había que hacerlo sabiendo que era posible toparnos con una negativa. Suele pasar al principio, dicen todos los expertos en Housesitting. No te desesperes, es la máxima. Bueno, venga, vamos.

energía solar

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Redactar la solicitud

Si redactar el perfil es importante, no lo es menos ofrecerse como cuidador para una vivienda concreta. Quizá lo sea más. Ten en cuenta que el propietario recibirá varias solicitudes, tal vez muchas. ¿Por qué te elegirían a ti? Volvemos a lo que ya dijimos, hay que ser honesto y mostrar lo mejor de ti. Si tienes interés, que se note. Si solo buscas un lugar donde vivir un tiempo, no será fácil que te llamen. Ser sitter es un trabajo, una responsabilidad. No es alojamiento gratis por unas semanas o meses.

A escribir

A escribir

Nuestro interés por nuestra casa favorita era mucho. Fue algo así como un flechazo, amor a primera vista, la intuición de que era un lugar especial en el que encajábamos perfecto.

Si tienes interés, que se note. Si solo buscas un lugar donde vivir un tiempo, no será fácil que te llamen

Escribimos a sus propietarios con toda sinceridad. Sí, nos habíamos fascinado con su casa, nos resultaron encantadoras las gatas y el perro, y estábamos absolutamente interesados en hacernos cargo de la responsabilidad de cuidar un sistema de energía solar fotovoltaico. ¿Se notaría nuestro entusiasmo? ¿Nuestras ganas? ¿Sería nuestro inglés lo suficientemente expresivo como para mostrarlo? Leímos. Releímos. Corregimos. Le dimos a enviar. Y nos quedamos expectantes. Comprobando la bandeja de entrada con una frecuencia superior a la habitual.

Miramos algunas otras opciones más que nos gustaron y nos postulamos. La fórmula fue la misma. Ganas convencidas y honestidad en nuestras solicitudes.

Las primeras respuestas

Empezaron a llegar las respuestas. Negativas. Vaya, los sitters experimentados tenían razón. Lo normal es que las primeras veces no tengas éxito, decían. Sí, teníamos que seguir buscando.

Y llegó otra respuesta. La de la favorita, nuestra primera solicitud. ¡Y no era negativa! Los dueños estaban interesados en nuestro perfil y nos habían colocado en su lista de candidatos. ¿Podíamos enviar referencias? Nos preguntaron. Un vuelco al corazón. Literalmente. Era nuestra predilecta. La casa que más tenía que ver con nosotros. Y estábamos entre los candidatos a cuidarla. Estábamos más cerca. La intuición no estaba errada. Había conexión con ese lugar. Y teníamos posibilidades.

Sí, teníamos referencias. Habíamos cuidado casas y mascotas ajenas. Sus dueños nos enviaron cartas con su valoración y las enviamos. De nuevo llegó una respuesta agradeciendo las referencias. Quedamos para una conversación vía skype. En inglés. Uf, qué nervios!

La confirmación

Charlamos un largo rato. Había buena onda. Muy buena. Ambas parejas sentimos una clara empatía. Fluía todo. A lo largo de la conversación nos dimos cuenta que no estábamos pasando una nueva entrevista si no que ¡ya estábamos elegidos! Nosotros íbamos a cuidar esa casa preciosa, esas gatas aventureras (el perro se iba con los dueños) y nos íbamos a responsabilizar de un sistema energético fotovoltaico.

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En algo más de un mes nos instalaríamos en la sierra catalana como sitters oficiales.

La intuición había funcionado. Y era recíproca. Y empezaba la aventura.

Próxima entrega: Todos los detalles de nuestra llegada a la casa

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