Viajando en 3 “W” o la revolución que se coló en la mochila

Abrimos el periódico esta mañana y nos encontramos con que se cumplen 25 años de la descripción del informe del protocolo para la transferencia de hipertextos, lo que al año siguiente se llamaría World Wide Web, o sea, la Web. Mucho antes, a mediados de los 70, y con un origen militar, se había creado lo que conocemos como Internet. Mientras Internet es la conexión entre ordenadores, que comparten un protocolo o normas de conexión, la Web, mucho más abstracta, consiste en una red gigantesca de información, en la que las conexiones son los enlaces de hipervínculo. Para la mayoría de los mortales todo va en el mismo saco – la Web, Internet -, al fin y al cabo, nos conectamos con un ordenador y nos zambullimos en ese ciberespacio que no hemos visto pero donde probablemente encontraremos lo que buscamos. Más allá de las diferencias, que las hay, y de que en los 70 y a finales de los 80, cuando todo esto empezó a desarrollarse, nos parecía ciencia ficción, un cuarto de siglo después es imprescindible. Así es el tiempo.

MOCHILA

Es posible que nadie dude, a estas alturas, que las 3 “W” e Internet han generado una revolución. Y como toda revolución, nos ha cambiado la vida. Y las formas. Ya nada (o casi nada) lo hacemos igual.

Si ya casi nada se parece, viajar es otra película. Hablando con propiedad, Internet y la Web, se fueron colando en nuestras mochilas hasta hacerse un hueco irrenunciable que se ha convertido en un espacio garantizado.

Hoy serán legión los que no saben lo que es escribir una postal, ni han buscado monedas para llamar a la familia desde una cabina telefónica que, aunque siguen existiendo, parece más un objeto vintage decorando las ciudades que un elemento de comunicación.

Cuando enviábamos postales

Cuando enviábamos postales

Viajando con los tiempos

Más allá de lo divertido que puede resultar hace memoria de vez en cuando, eso de que “cualquier tiempo pasado fue mejor” es una solemne tontería. Que no se ofenda nadie pero la nostalgia no suele ser buena compañera. Lamentarse por lo que fue es perderse lo que está pasando. Tenemos las herramientas que tenemos en el tiempo que vivimos. Son las que son. Y están para ser utilizadas de la mejor manera posible. Lo de las cantidades ya es cosa de cada uno, aunque ya se sabe que los excesos son perjudiciales siempre, en el formato que sean. Pero aquí (de momento) no hay especialistas que prescriban dosis adecuadas.

Sí, Internet y la Web nos han cambiado la manera de viajar. Y hemos de reconocer que se nos han abierto un montón de posibilidades que hace 50 años eran impensables y que hoy debemos valorar.

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Comprar un billete

Se acabaron los tiempos de pasearse de agencia en agencia o de ir a las estaciones (de bus y tren) a preguntar precios para hacer la comparación. Buscadores que comparan y encuentran el mejor precio acorde a nuestras posibilidades, billetes que imprimes en tu casa, facturación en línea para evitar las colas en el aeropuerto, selección del asiento…

Información

Hay excepcionales guías en papel que siguen siendo las biblias del viajero. Ladrillos de papel con consejos y sugerencias para tener en cuenta en el periplo pero, por suerte, la web nos ha ofrecido muchas más posibilidades. Consultar las páginas de las Oficinas de Turismo oficiales, revistas de viajes actualizadas al día, y los blogs. ¿Qué sería de los viajeros sin los blogs? El blog, como una extensión de los cuadernos de bitácora de los expedicionarios de otros tiempos, no solo albergan datos prácticos o consejos eficaces para una experiencia más rica, sino que cuentan (en muchos casos de forma magistral) la experiencia personal, las anécdotas, las impresiones y las sensaciones en primera persona, con lo mejor y a veces lo peor de la aventura. Todo un arsenal suculento para ponerse en camino.

Las redes de viajeros

Este es otro ejemplo destacado. Si Internet y la Web han sido una revolución, la aparición de las redes sociales generó nuevas fórmulas de interacción. Más allá de cómo cada uno las utilice o de las dependencias que puedan generar, las redes sociales para los viajeros permiten un intercambio constante y una ayuda en línea que es impagable. Sí bien los foros fueron precursores hace años, ahora en Facebook hay centenares de grupos específicos de viajeros, o de blogueros de viaje, que comparten información inmediata, consultas, resolución de problemas, intercambio de materiales, propuestas, eventos reales para desvirtualizarse, conocerse… Por ejemplo, Couchsurfing (que ha sido un cambio significativo de modelo en los viajes puesto que puedes alojarte, de manera gratuita, en casa de un local) no sería posible sin Internet y es, al fin y al cabo, una red global de viajeros conectados con viajeros. Tampoco existiría Blablacar, que nos permite compartir trayecto, con otros viajeros que van al mismo destino, reduciendo huello de carbono y compartiendo gastos. Los ejemplos son innumerables, como Skype, que ha facilitado sobremanera la posibilidad de seguir fácilmente en contacto más allá de la distancia.

En realidad, uno vive en el tiempo que le toca y con las herramientas de las que dispone. Estas son las nuestras. Y serán otras dentro de 10 años. De momento hay que reconocerle a estas 3W que hoy están de aniversario que han mejorado las condiciones de viaje y que, incluso, aquellos que no pueden salir de casa, tienen gracias a ellas, una ventana al mundo que está de servicio permanente. No está nada mal. Gracias y que continúe el viaje.

¿Y a ti cómo te ha cambiado Internet los viajes?

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